El dinero que lo cambió todo

Don Alberto era un empresario exitoso, dueño de varias constructoras en la ciudad. A pesar de su dinero, siempre le gustaba visitar las obras personalmente porque sabía que las empresas no se levantan con oficinas elegantes, sino con el esfuerzo de los trabajadores.

Un día decidió hacer algo sin avisar a nadie. Le pagó de más a uno de sus trabajadores, un albañil llamado Miguel, para ver qué hacía con el dinero.

Al día siguiente, Miguel fue a la oficina elegante del empresario. Llevaba su ropa de trabajo y un fajo de dinero en las manos. En la oficina estaba la esposa del empresario.—Señora, ayer su esposo me pagó de más. Vengo a devolver el dinero que sobra —dijo Miguel con respeto.La mujer miró el dinero, se lo quitó de las manos y le dijo:—Déjamelo a mí, yo se lo voy a dar.

Miguel agradeció y se fue tranquilo, porque había hecho lo correcto.La mujer miró el dinero, pensó unos segundos y decidió quedarse con él. Luego llamó a su esposo y le dijo:—Hola amor, ya vino tu trabajador, pero no trajo el dinero sobrante.El empresario se quedó en silencio porque algo no le parecía correcto, él confiaba en ese trabajador.Al día siguiente fue a la obra y llamó a Miguel.—Miguel, necesito preguntarte algo.

¿Qué hiciste con el dinero que te pagué de más?Miguel respondió sin dudar:—Se lo llevé a su oficina y se lo entregué a su esposa, señor. Era lo correcto.El empresario entendió todo en ese momento. Le dio la mano a Miguel y le dijo:—Gracias por tu honestidad. Desde hoy ya no serás albañil, serás supervisor de obra.Miguel no podía creerlo, estaba muy emocionado.

Ese mismo día el empresario habló con su esposa y le dijo:—El dinero se puede recuperar, pero la confianza cuando se pierde, ya no vuelve.

Moraleja: La honestidad abre puertas que el dinero jamás podrá abrir.