EL GUARDABOSQUES Y EL PESCADOR DEL RÍO MALDITO

🌲 EL GUARDABOSQUES Y EL PESCADOR DEL RÍO MALDITO 🌲

Una historia de suspenso con un final impactante…

En lo profundo de las montañas, donde el sonido del agua era lo único que rompía el silencio del bosque, el guardabosques Gutiérrez patrullaba su zona como cada tarde. Montado sobre su caballo negro, avanzaba lentamente entre los árboles mientras el viento frío movía las ramas a su alrededor.

Pero ese día no era como cualquier otro…

Horas antes, la central del parque había recibido una denuncia alarmante: un excursionista había desaparecido cerca del río y el último en verlo con vida dijo haber observado a un hombre extraño pescando solo en la zona.

Gutiérrez siguió el sendero hasta llegar al agua cristalina del río, donde divisó una escena inquietante: un hombre sucio, de aspecto salvaje, pescaba tranquilamente dentro del agua hasta la cintura. Su ropa estaba rota, su barba desordenada y su mirada transmitía algo oscuro… algo perturbador.

A unos metros de él, el guardabosques detuvo su caballo y habló con firmeza:

Hola… soy el guardabosques Gutiérrez. Estoy buscando a un hombre… su nombre es Jacinto.

El pescador no respondió.
Solo permaneció quieto… observando el agua.

Entonces el guardabosques insistió:

¿Estás seguro de que no viste a nadie?

El hombre volteó lentamente, limpiándose la boca con la mano después de arrancarle la cabeza a un pez de una mordida brutal. Luego respondió con una voz fría:

Estoy completamente seguro, oficial…

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Gutiérrez. Algo no estaba bien.

Fue entonces cuando notó la mochila del pescador… estaba demasiado llena.
Demasiado pesada para solo contener peces.

Veo que ya has pescado demasiado… el límite aquí son cinco peces. Voy a revisar esa mochila.

El pescador retrocedió nervioso.

¡No la toque! —gritó de repente.

Aquello confirmó las sospechas del guardabosques.
Gutiérrez bajó rápidamente de su caballo y caminó hacia él con la mano cerca de su arma reglamentaria.

De un tirón, le arrebató la mochila.

La abrió…

Y su rostro se congeló por completo.

Dentro no había peces.
No había comida.
No había herramientas.

Había ropa ensangrentada… una billetera… y el carnet de identidad de Jacinto.

El guardabosques dio un paso atrás horrorizado.

Dios mío… ¿qué hiciste?

El pescador sonrió lentamente.

Lo mismo que haré contigo…

En un segundo sacó un cuchillo oxidado escondido en su cinturón y se lanzó sobre él.

Gutiérrez reaccionó rápido, forcejeó violentamente con el hombre en la orilla mientras el caballo relinchaba desesperado. Ambos cayeron al barro peleando por el arma.

Pero el entrenamiento del guardabosques fue superior.
Con un golpe seco logró desarmarlo, lo derribó al suelo y sacó su pistola.

¡NO TE MUEVAS!

El pescador quedó inmóvil, jadeando, cubierto de barro y furia.

Minutos después llegaron las patrullas alertadas por radio.

El asesino fue arrestado.
Y gracias al valor del guardabosques Gutiérrez, el caso de Jacinto fue resuelto.

Desde ese día, su historia recorrió todo el país…
Y muchos dijeron que si no hubiera actuado a tiempo… nadie habría vuelto a ver al guardabosques con vida.

FIN.