La abuela y los motociclistas

La señora entró al diner temblando, mirando hacia la puerta como si alguien la estuviera siguiendo. Los motociclistas la miraron en silencio, sorprendidos de que una mujer mayor se acercara a su mesa.El líder, un hombre grande con pañuelo negro y tatuajes en los brazos, le preguntó:

— Señora, ¿se encuentra bien?Ella juntó las manos y dijo con voz temblorosa:— Chicos, necesito ayuda… me vienen siguiendo… ustedes son mi última esperanza.Los hombres se miraron entre ellos sin entender nada. No parecía una broma.

La señora estaba realmente asustada.El líder se levantó lentamente y dijo:— Claro que sí señora… ¿quién la viene persiguiendo?La señora miró hacia la ventana y susurró:— Creo que ya está afuera…En ese momento todos se levantaron de la mesa y salieron con ella del local. Afuera, la calle estaba casi vacía, solo se escuchaba el ruido del viento y un auto estacionado con las luces apagadas.Los motociclistas miraban alrededor preparados para cualquier problema.

Entonces el líder volvió a preguntarle:— Señora, díganos quién es. Nadie la va a tocar mientras estemos nosotros aquí.La señora respiró profundo, los miró a todos y dijo algo que ninguno esperaba:

— El que me viene persiguiendo… es mi hijo.Todos se quedaron en silencio.— Quiere que firme unos papeles para quitarme mi casa… y como no quise… ahora me sigue, me amenaza y quiere asustarme para que firme todo.Los motociclistas se miraron entre ellos, esta vez ya no estaban confundidos…

estaban enojados.En ese momento el auto encendió las luces y un hombre bajó del vehículo caminando hacia ellos.— Mamá, deja de hacer problemas y firma los papeles de una vez — dijo el hombre.Pero antes de que pudiera acercarse más, los motociclistas dieron un paso al frente.El líder lo miró fijamente y dijo:— Escuchame bien… a las madres se las respeta. Y si la volvés a molestar…

vas a tener problemas con todos nosotros.Los otros motociclistas se pusieron detrás de él en silencio, mirándolo fijamente.El hombre miró la escena, se puso nervioso, volvió a su auto y se fue sin decir una palabra.La señora comenzó a llorar.— Gracias… pensé que estaba sola en el mundo.El líder sonrió y le dijo:— Sola no señora… ahora usted tiene una familia de motociclistas.

Esa noche, los hombres volvieron a entrar al diner con la señora y le compraron café y comida. Desde ese día, la abuela siempre tenía una mesa reservada con los motociclistas.Porque a veces…

la familia no es la de sangre.Es la que aparece cuando más la necesitas.