LA NIETA MAL AGRADECIDA Y LA ABUELA MILLONARIA

Doña Elena era una mujer anciana que había trabajado toda su vida para construir una gran fortuna. Tenía casas, terrenos, empresas y mucho dinero, pero su mayor orgullo siempre fue su nieta Carla, a quien crió desde pequeña como si fuera su propia hija.

Le dio estudios, ropa, viajes y todo lo que quiso. Carla siempre aparentó ser una nieta amorosa, pero con el tiempo comenzó a interesarse más por la fortuna de su abuela que por su bienestar.Un día, Carla llevó a su abuela en auto por una carretera solitaria.

La ayudó a bajar del vehículo, pero su actitud cambió completamente.—Ya me cansé de cuidarte abuela, ya no sirves para nada… te quedarás aquí, tú sabrás qué hacer —dijo Carla con frialdad.La abuela, con los ojos llenos de lágrimas, le respondió:—No me hagas esto por favor…Pero Carla no escuchó. Antes de irse, dijo:—

La casa y toda tu fortuna ahora me pertenecen.Luego se subió al auto y se fue, dejando a la abuela sola en medio de la carretera.La abuela se quedó mirando cómo el auto desaparecía en la distancia. Triste, miró al suelo y dijo:—Nunca esperé esto de mi nieta…

ella cree que puede robarme mi fortuna…Pero de pronto su expresión cambió. Levantó la cabeza y dijo con voz firme:—Le daré una lección a esta mal agradecida.Lo que Carla no sabía era que la abuela aún era dueña de todo y que nada estaba a nombre de ella.

Además, Doña Elena tenía un viejo amigo que era abogado y otro que era dueño de un banco.Ese mismo día, la abuela llamó a su abogado y cambió su testamento. Donó parte de su fortuna a fundaciones, otra parte a empleados fieles que trabajaron con ella toda la vida, y el resto lo dejó a un joven que la había ayudado años atrás cuando nadie más lo hizo.

A Carla no le dejó absolutamente nada.Semanas después, Carla llegó a la casa pensando que todo era suyo, pero la estaban esperando los abogados.—Usted no es dueña de nada —le dijeron—.

La señora Elena cambió todo. Desde hoy, esta casa ya no le pertenece.Carla se quedó en la calle, sin casa, sin dinero y sin herencia.Mientras tanto,

Doña Elena vivía tranquila en una hermosa casa de campo, feliz, ayudando a otras personas y sonriendo.Y antes de terminar, dijo:—La lealtad vale más que el dinero… y la traición siempre se paga.

FIN.