
La chica entró a la joyería con la cabeza baja. Nadie le prestó atención al principio. Su ropa estaba sucia, sus zapatos rotos y su cabello desordenado. Parecía una chica de la calle más, alguien que había tenido mala suerte en la vida.
Se acercó lentamente al mostrador y sacó un collar de perlas de su bolsillo.—Señor… ¿cuánto me puede dar por esta joya? Necesito el dinero para comer —dijo en voz baja.El joyero, un hombre elegante de unos 50 años, tomó el collar sin mucho interés. Pero cuando lo tuvo en sus manos, algo cambió en su rostro.
Observó las perlas una por una, las giró lentamente y su expresión se volvió seria.Sin decir mucho, abrió el cajón, sacó un billete y se lo entregó.—Te puedo dar 10 dólares por esto.La chica miró el dinero, dudó unos segundos, pero finalmente lo tomó. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Bajó la mirada, apretó el billete con fuerza y se dio la vuelta.—Gracias, señor… —dijo casi susurrando.La chica salió de la joyería lentamente.
El joyero se quedó mirando el collar unos segundos más. De repente, notó algo en el broche. Una pequeña inscripción.Sus manos comenzaron a temblar.Abrió el broche con cuidado y leyó las palabras grabadas:“Para mi hija Sofía. Con amor, papá.”El hombre se quedó congelado. Sus ojos se llenaron de lágrimas.—No puede ser… —susurró— esta joya…
es de mi hija… mi hija desapareció hace 10 años…Se levantó de golpe, agarró el collar y salió corriendo de la joyería.En la calle miró hacia todos lados desesperado. En ese momento salieron dos hombres trajeados detrás de él.—¿Qué pasó señor, te robaron? —preguntó uno de ellos.El joyero, con lágrimas en los ojos, respondió:—No… hace un momento vi a mi hija…
llama a los chicos, vamos a buscarla.Mientras tanto, la chica estaba sentada en una pequeña casa hecha de cartones, en un callejón. Con los 10 dólares compró unas empanadas. Tenía mucha hambre.Se sentó en el suelo y comenzó a comer lentamente. Se la veía cansada, triste, como si la vida la hubiera golpeado demasiadas veces.De repente, escuchó una voz a lo lejos.
—¡Señorita! ¡Señorita, espere! Soy el joyero, necesito preguntarte algo.La chica levantó la cabeza confundida. El hombre se acercó lentamente, respirando agitado.El joyero la miró unos segundos sin decir nada. Luego sacó el collar de perlas y se lo mostró.—¿Dónde conseguiste esta joya? —preguntó con la voz temblorosa.La chica lo miró y respondió:—
Era de mi padre… pero lo perdí cuando era niña… nunca lo volví a ver…El hombre no pudo contener las lágrimas.—Hija… soy yo… te busqué durante 10 años…La chica se quedó paralizada. No podía creer lo que estaba escuchando.—¿Papá…?
—preguntó con la voz quebrada.El hombre la abrazó fuerte y ambos comenzaron a llorar en medio de la calle.
Después de tantos años, se habían encontrado otra vez… gracias a aquella joya que ella había vendido por solo 10 dólares.

